"EL RELATO" Partes VI, VII y VIII



PARTE VI por Radio Telperion

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Se detuvo y miró a su alrededor. Había seguido todo los protocolos punto por punto. Era un agente experto y disciplinado, su expediente intachable lo avalaba, pero estaba clar que había dejado atrás, desde hacía ya unas horas, todos los límites que marcaban los manuales. Ahora estaba solo, o eso pensaba...El sobresalto hizo que su corazón frenara en seco. El silencio absoluto, irreal, que reinaba, se rompió. Un gruñido, metal arañando roca, había algo detrás de la casa, algo quizá vivo.

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PARTE VII por Pallando el viajero

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Todas sus reflexiones habían sido silenciadas de golpe por aquel sonido que no debía estar allí. Ese extraño nerviosismo que había notado desde que volvió en sí había crecido hasta acaparar sus cinco sentidos.

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Rápida pero cautelosamente comenzó a bordear la casa por el lateral más cercano. ¡Como podía haber sido tan estúpido! No sólo había conseguido regresar de su viaje al otro lado ¡Había traído polizones consigo!

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Las órdenes que recibió en la academia militar eran tajantes al respecto, estaba terminantemente prohibido iniciar un regreso si existía la más mínima posibilidad de que algo o alguien contaminara tu viaje de retorno. Sin embargo su atropellada huída le había hecho comportarse como un novato y olvidar las precauciones más básicas.

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Su equipo comenzó a recibir señales del entorno, pero a pesar de la intensa sensación de peligro que percibía nítidamente sus detectores de presencia permanecían en silencio.Entonces alcanzó la parte posterior de su casa y lo que vio le dejó aterrado. Un DIHA de casi cuatro metros, las bestias de choque del ejército enemigo, comenzaba a ponerse en pie, todavía confundido por el viaje de retorno. Tenía que ponerse a cubierto de su tremendo sentido del olfato ¿pero donde? De repente alguien le atenazó el brazo y le susurró “Espera”.

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PARTE VIII por Vendetta

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La presencia del Diha le sugería cualquier cosa excepto esperar y no estaba en situación de recibir órdenes, pero más que una orden aquellas palabras parecían una advertencia. Así que esperó. Al girarse para ver la cara de quien hablaba recibió una ráfaga de gas de olor nauseabundo que por unos momentos le dejó ciego. Como el propio Diha.

- ¿¡Pero qué…!?
- Ni te muevas – dijo ella.

No podía. Ahora sí que estaba indefenso. Sólo le quedaba el oído, y con el podía escuchar perfectamente como el Diha olisqueaba a su alrededor. Muy cerca. También podía sentir como la presión de la mano que le aferraba el brazo se hacía más fuerte a medida que la bestia se acercaba. Pero quien quiera que fuese que estaba a su lado tampoco se movía.

A medida que recuperaba la vista, podía vislumbrar una enorme sombra girando en torno a ellos. Hasta que, después de unos instantes que se le hicieron eternos, la sombra salió de su limitado campo visual y la presión del brazo desapareció.

- ¿Puedes ver?
- Apenas
- Tendrá que ser suficiente. Los Dihas nunca van solos. Su jinete debe andar cerca. Tenemos que salir de aquí.

Le tendió la mano. Una mano pequeña pero firme. Y hubiese jurado que sonreía al hacerlo, pero no tuvo tiempo de cerciorarse porque de un tirón le arrastró a la carrera.

- ¿A quién tengo que agradecer el rescate? – dijo sin dejar de correr.
- Llámame Nueve. Y… ¿A quién he recatado yo? – su voz no temblaba. Estaba acostumbrada a correr.
- Sargento Erwin Sanders, de la unidad de saltos espacio-temporales.

Entonces Nueve se detuvo en seco, casi haciéndole perder el equilibrio.
- ¿La USET? ¿Qué interés tiene la USET aquí, si hace 150 años que perdimos la guerra?
 
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